Ella se fue y
regresó después de un largo tiempo. Para mí siempre ha sido una interesada total, de esas a las cuales das
un dedo y toman la mano completa para asegurar. Ella conseguía lo que
quería sólo con acariciarte un poco y abriendo sus ojos como dos lunas
brillantes. Era una manera de mendigar pero con elegancia, así como es,
que se acomoda el pelo a cada instante y camina con delicadeza, y
corre con sobresalto cuando te le acercas bruscamente. No es que sea
miedosa, suele ser prevenida. A veces en las noches, la escuchaba
llorar, o quizás reír, no lo se, el sonido de su risa y su llanto no se
distinguía. Para ése entonces era tan pequeña, tan sutil, yo pensé
que ni a un árbol lograba subirse pero me equivoqué, ahora todos crecen
tan rápido. Cuando en las noches no la escuchaba murmurar,
significaba que había salido a la calle, puede que a revolcarse en algún
techo o solo a ver las estrellas. Era tan blanca que causaba
repugnancia, o eso decían personas cercanas, yo admito que amo sus ojos
verdes, unos ojos que te miran sin necesidad de decir algo para
comprender, como cuando tenía hambre; ella solía pasar horas frente a la
cocina solo para saborear el próximo bocado. Llegué a pensar que su
verdadero nombre era Michell, ya que todos la llamaban Michu. Nunca la
tomé en cuenta, puede que eso haya contribuido a su huida, porque
sí, un día desapareció.
Ahora no se cómo ni
cuándo, pero regresó. No ha cambiado mucho, sólo un poco físicamente,
está más grande y más gorda, sospecho que tuvo retoñitos, pero como
todas las de su tipo, los abandonó. No la extrañé, lo que sif me resultó
dudoso
es que haya vuelto. Hasta el momento no la he mirado a los ojos, igual
ella sigue siendo cariñosamente interesada. Por un poco de comida te da
un poco de buen trato, porque esa es otra; si no te acariciaba, te
arañaba.
Todos llevamos un porcentaje
natural de agresividad por
dentro, pero en ella, a veces es más notorio de lo común. Nunca antes la
he visto beber leche, lo que logra sorprenderme, los de su especie nunca
se resisten a la lactosa. En fin, no comprendo por qué motivo
regresó, se dice que el hijo prodigo siempre regresa a casa, éste es el
caso. Ahora no se hasta cuando tenga que escuchar su agudo: ¡Miau!
El sonido de las olas al romper en la orilla revive mil historias.
Historias de mares profundos, de lejanías e inmensidades.
Los cañones que una vez desataron su furia contra el "enemigo" e impactaron y estremecieron la superficie del océano, hoy, su pólvora triturada se esparce envuelta en la estela que queda en la retirada.Cuentos de piratas, místicos encuentros, trascendentales recuerdos ¡Vamos capitán, no arroje el ancla! aún quedan deseos por navegar y anhelos donde desembarcar.